Ciertamente los gobiernos nacional-populares vigentes en amplios rincones de Latinoamérica como es el caso de Nicaragua, Venezuela, Ecuador y Bolivia, así como gobiernos socialdemócratas o reformistas presentes en Brasil, Argentina, Chile, Uruguay y ahora recientemente Paraguay, poseen antecedentes históricos comunes a pesar de responder a un nuevo reordenamiento de la situación latinoamericana en contextos de la Globalización.
El presidente bolivariano Hugo Chávez, y su par sandinista Daniel Ortega suelen ser más parecidos entre ellos por la influencia de la República de Cuba, que proyectos más identitarios nacionalmente como en el caso del presidente socialcristiano Rafael Correa en Ecuador, y el indigenista Evo Morales. A su vez suele encontrarse en el reformismo latinoamericano parecidos cursos de acción, aunque unos más moderados que otros. En los países industrializados como Brasil y Argentina donde se encuentran gobernando Luis Inacio "Lula" Da Silva, del Partido de Los Trabajadores (PT), y Cristina Fernández de Kirchner, que forma parte de una concertación multipartidaria el Frente Para la Victoria, pero en la práctica dominada por un Peronismo volcado en su mayoría hacía Kirchner. Y en países con menos industrialización y una necesidad creciente de integración económica dentro del Cono Sur, está Chile a través de Michelle Bachelet, símbolo de la unión y restitución de lazos entre el oficialismo y las Fuerzas del Ejército, y en el país oriental Tabaré Vásquez, perenne candidato por la izquierda uruguaya y vencedor en 2004 ante la hegemonía bipartidista de centroderecha entre el liberal Partido Colorado y el conservador Partido Nacional o Blanco.
Tabaré Vásquez y Michelle Bachelet representarían lo que es la "izquierda institucional" en Latinoamérica, en base a la moderación de sus cursos de acción, un programa económico un poco más ortodoxo que estatista tratándose de presidentes socialistas, y un fuerte apego a las instituciones y el necesario apoyo de las Fuerzas Armadas de sus países, caracterizadas en el pasado por las dictaduras, pero que sin embargo actualmente prestan apoyo irrestricto al orden constitucional. Una ligazón profesional y política también es posible advertir: Tabaré es médico igual que nuestra Presidenta, ambos pertenecen al Partido Socialista de sus países, provienen de coaliciones electorales de centroizquierda (el debilitamiento de la otrora poderosa DC resalta esa etiqueta en la Concertación chilena)y generan concensos en sectores empresariales como en sectores trabajadores, no así en la clase política de sus países, caracterizadas por una violenta oposición de derecha y ciertas indisciplinas dentro de la centroizquierda.
Se suele apreciar el aislamiento al que está sometido tanto los presidentes de Colombia, Álvaro Uribe, como su par peruano, Alan García. Chile no estuvo ajeno a esto. La Presidenta Bachelet reprobó la violación de la soberanía ecuatoriana por parte del Ejército colombiano a la caza de las FARC, estrechando los lazos con una nación históricamente hermana como lo es Ecuador, y sumándose a la mayoría de las opiniones latinoamericanas, aunque más moderada en cuanto al presidente venezolano claro está. García recibió un nulo apoyo político a nivel regional por la exigencia desmedida de ciertos límites marítimos en el Océano Pacífico contra nuestro país.
Frente a ese conflicto Evo consideró prudente avanzar en la agenda bilateral que hay entre Chile y Bolivia, antes que defender a Perú (esto de paso implicaría apoyar a un homónimo que ocupa el tema limítrofe más para desviar la atención de la población peruana frente a sus problemas reales).
viernes, 6 de junio de 2008
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